El camino de Verona á aquí es muy agradable. Se viaja hacia el Noroeste por la montaña, dejando siempre á la izquierda los contrafuertes, compuestos de arena, cal, arcilla y marga. En las colinas que forman, hay aldeas, castillos, casas. A la derecha, se extiende la gran llanura que atraviesa el camino. La ancha vía, perfectamente cuidada, va por tierras muy fértiles. Piérdese la vista en alineadas plantaciones de árboles, de donde caen, cual ramas aéreas, los sarmientos, que, enredándose, llegaron á lo más alto. ¡Aquí sí que se puede formar idea de guirnaldas y festones! Los racimos, sazonados, pesan en as largas ramas que, bamboleándose, llegan al suelo. Transitan gentes de todas clases y profesiones. Gustáronme sobremanera unas carretas bajas, con ruedas en figura de platos, tiradas por cuatro bueyes, con grandes tinajas, donde llevan las uvas desde la viña al lagar. Dentro de las vacías venían los conductores. Aquello era parecidísimo á un triunfo de Baco. Entre las filas de vides, aprovechan el suelo para toda clase de granos, en particular maíz y sorgo. En las cercanías de Vicenza, se levantan colinas desde el Norte al Sur -dicen que son volcánicas- y cierran la llanura. Vicenza está fundada á sus pies, y mejor aún dentro del seno que forman.

Pocas horas hace que he llegado, y puede decirse he recorrido ya toda la ciudad, visto el teatro Olímpico y los edificios de Palladio. Hay publicado un libro muy lindo, útil para extranjeros, con grabados en cobre y texto artístico. Sólo en presencia de estas obras se conoce su gran mérito, porque es necesario que llenen la vista con toda su grandeza y corpulencia. No basta que, en abstracto,el espíritu se recree en la bella armonía de las proporciones, sino en los entrantes y salientes en perspectiva. Y yo digo de Palladio que fué realment un gran hombre, que ha evidenciado la profundidad de su genio en sus obras. La mayor dificultad con la cual este hombre, como todos los arquitectos modernos, tuvo que luchar, fué la adaptación de las columnatas á la arquitectura burguesa; pues aunar paredes con columnas, será siempre una contradicción. Pero su manera de combinar una cosa y otra se impone, haciéndonos olvidar que lo que hace es sólo seducirnos. Hay en sus planos algo realmente divino, como lo es la forma en los grandes poetas, que de verdad y mentira hacen una tercera cosa, cuya vida prestada nos seduce y encanta.

El teatro olímpico es un teatro de la antigüedad realizado en pequeño, é indeciblemente bello, pero que ne hace el efecto de un niño guapo, rico y noble, comparado á un discreto hombre de mundo que, sin ser guapo, ni rico, ni noble, sabe servirse mejor de sus propios medios.

Considerando en estos lugares los magníficos edificios que levantó aquel hombre, desfigurados ya por las mezquinas y sucias necesidades de los hombres; reflexionando cuán superiores eran los plano de la mayoría de ellos á las fuerzas de los que los emprendieron y cuán poco se adaptan aquellos monumentos del talento de un hombre á las necesidades de los demás, ocurre pensar que así sucede con todo. Pues quien anhela elevar las necesidades de los hombres, darles una gran idea de sí mismos é inspirarles el hermoso sentimiento de una noble existencia, poco agradecimiento les merece. Pero el que engaña á los pájaros, les cuenta cuentos, les ayuda á vivir al día y los corrompe, ese es su hombre. Por eso hoy se da tanto valor á las cosas insípidas. No digo esto por rebajar á mis amigos; lo digo porque son así, y no hay que sorprenderse de que las cosas vengan como van.

Es inexplicable el efecto que hace la basílica de Palladio al lado de un viejo edificio, especie de castillo con ventanas desiguales, del cual, lo mismo que de la torre, parece el arquitecto haber prescindido, y tengo que estar muy particularmente sobre aviso, pues desgraciadamente vuelvo á encontrar reunidos lo que evito y lo que busco.

Ayer  hubo óper; duró después de las doce y yo me moría de sueño.

La obra está hecha de retazos mal cosidos de Las tres Sultanas y El rapto del Serrallo. La música se oye con gusto, pero es sin duda de una aficionado: ninguna idea nueva llamó mi atención. El baile en cambio, muy bonito. La primera pareja bailó una alemana que sno se puede dar más linda.

El teatro es nuevo, bonito y agradable, adornado con moderado lujo, según conviene á un teatro de provincia. Todos los palcos están tapizados de igual color: el del Capitán se distingue por su colgadura algo más larga.

La primera tiple, muy favorecida por el público, recibió al entrar una salva de aplausos, y era de ver las contorsiones de gusto de las pájaros cada vez que hacía bien un pasaje, y sucedía con frecuencia. Tiene bonita figura, natural, hermosa voz, rostro agradable y presencia de persona honrada: podrá accionar con más gracia. Sin embargo, no pienso volver, porque conozco que no sirvo para pájaro.