Jue 2 Oct 2008
Venecia 2 de Octubre de 1786
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en IV - Venecia, Viaje a Italia
Ante todo, díme prisa para ir á la Caritá. Viera en las obras de Palladio el proyecto de este edificio conventual, donde pensó imitar la morada privada de los antiguos ricos hospitalarios. El plano, excelentemente dibujado, así en sus detalles como en su conjunto, me gustó en extremo, y esperábame encontrar una obra maravillosa. Pero ¡ay!, apenas está hecha la décima parte! Verdad es que tal parte, digna de su genio divino, es de una perfección en el plan y de una exactitud en la ejecución, que no conocía. ¡Años enteros pasaría contemplando semejante obra! Parecióme no haberla visto nunca superior ni más acabada, y creo no engañarme. Pero debe pensarse en el excelente artista, nacido con el sentimiento de lo grande y de lo bello, que trabajó tanto primeramente para formarse en el conocimiento de los antiguos, á fin de hacerlos luego revivir en sus propias obras, y que encuentra ocasión de ejecturar un pensamiento favorito, levantar un monasterio, vivienda de muchos frailes, albergue de muchos extranjeros, en forma de antigua casa particular. De la iglesia vieja se pasa al atrio, de columnas corintias: queda el viajero encantado y olvida de repente todo lo frailuno. De un lado la sacristía, de otro una sala capitular, junto á la escalera de caracol más hermosa del mundo, con su gran árbol al aire y los peldaños de piedra empotrados en la pared y dispuestos de tal suerte, que cada uno soporta el peso del que le sigue; no se cansa uno de subirla y bajarla. Se comprende lo bien hecha que estará, cuando el mismo Palladio la dió por buena. Del vestíbulo se pasa al gran patio interior. Desgraciadamente, del edificio que debía rodearlo, sólo el lado izquierdo construyeron: tres órdenes de columnas unas sobre otras. En el piso bajo, salas; en el primero, una arcada delante de las celdas; en el superior, paredes con ventanas. Debe ayudar á esta descripción la vista del diseño. Una palabra ahora respecto de la ejecución. Sólo los capiteles y las basas de las columnas y las claves de los arcos, son de piedra labrada: todo el resto, no puedo decir que sea de labrillo, sino de adobes (arcilla tostada): no tenía la menor idea de semejantes ladrillos. La cornisa y su friso son de lo mismo, é igualmente los miembros de los arcos, todo cocido por partes, y como se ha empleado poca cal en el edificio, parece fundido de una pieza. Si el conjunto se hubiese terminado y se viese limpio, bruñido y pintado, sería de un efecto divino. Era, sin embargo, el plano demasiado grande, al igual del de muchos edificios modernos. El artista supusiera no solamente que tirarían el convento actual, sino que comprarían las casas adyacentes, y es de suponer que faltaría el dinero y el gusto. ¡Oh destino amado!, tú que favoreciste y eternizaste tantas estupideces, ¿por qué no consentiste la terminación de esta obra?