Vie 10 Oct 2008
Venecia, 10 de Octubre de 1786
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en IV - Venecia, Viaje a Italia
¡Ahora sí puedo decir que he visto una comedia! Daban hoy en el teatro San Lucas, Le Baruffe Chiozzotte, que quiere decir: El Zipizape de Chiozza. Son los personajes marineros habitantes de Chiozza, y sus mujeres, hermanas é hijas. Sus gritos habituales, en lo bueno y en lo malo, sus pendencias, sus violencias y su benignidad, sus simplezas, su ingenio, su buen humor y sus maneras libres, todo está perfectamente imitado. También la obra es de Goldoni, y como yo estuviera todavía ayer en aqué lugar, y tenía aún en los ojos y en los oídos las voces y maneras de los marineros y gente del puerto, me hizo muchísima gracia. De seguro se me habrán escapado muchas alusiones, mas pude seguir bien el conjunto.
He aquí el plan de la pieza. Las vecinas de Chiozza hállanse sentadas delante de sus casas, hilando, haciendo malla, cosiendo, según costumbre. Pasa un joven, y á una de ellas saluda con particular amabilidad. Entonces empiezan las pullas, crecen hasta las bromas y se alzan hasta el agravio. Una grosería atrae otra. Una vecina agresiva dice las verdades, y en tal punto, dan rienda suelta á las injurias, á los ultrajes, á los gritos. No falta quien llegue á vías de hacho, é intervienen, de necesidad, los agentes de la justicia. El segundo acto pasa en la Sala de la Audiencia. El escribano, en lugar del Podestá, que como noble no podría ser representado en el teatro, hace llamar á las mujeres una á una. Así descúbrese que él mismo está enamorado de la enamorada, y aprovechando hablarla á solas, en vez de interrogarla, declárale su amor. Otra, enamorada de él, se precipita dentro, llena de celos. El amante de la primera, todo alborotado, llega asimismo corriendo y las demás le siguen, llueven los insultos y anda el diablo suelto en la Sala de la Audiencia, como antes en la plaza del puerto.
En el tercer acto aumenta la barahúnda, concluyendo apresuradamente y de cualquier manera. El pensamiento más feliz lo expresa un carácter en el que voy á ocuparme.
Un marinero viejo, cuyos miembros, y en particular el órgano de la palabra, se han entorpecido de resultas de la vida dura y penosa que levara en su juventud, aparece como antítesis de aquella gente charlatana, movediza y chillona. Empieza siempre moviendo los labios, ayudándose de los brazos y de las manos, hasta que consigue echar fuera lo que piensa. Pero no saliendo sino en cortas frases, representa una seriedad tan lacónica, que cuanto dice parecen proverbios ó sentencias y equilibra los desplantes y apasionamientos de los otros.
Jamás he visto alegría semejante a la del pueblo al contemplarse representado tan al natural. Aquello fué una explosión de carcajadas desde el principio hasta el fin. También debo decir que los actores lo hicieron á maravilla. Respecto del carácter, habíanse repartido los diferentes tonos de voz que generalmente sobresalen en el pueblo. La primera actriz estaba deliciosa, mucho mejor que al último en su traje de heroína y demostrando su pasión. Las mujeres en general, ella sobre todo, imitan las voces, los ademanes y los modales del pueblo de manera graciosísima. Muchas alabanzas merece el autor que hizo, de nada, el más agradable pasatiempo. Sólo es dable hacerlo al autor nacional, dirigiéndose á un público alegre. Aparece siempre escrito de mano maestra.
De la compañía Sacchi, para la que trabajaba Gozzi, y ahora está deshecha, vi á la Smeraldina, una figurita pequeña y gorda, llena de vida, ligereza y buen humor. Brignetta, que es delgado, buena figura y excelente cómico, sobre todo en la parte de acción y de maneras, estaba con ella. Estas máscaras, conocidas nuestras como momias, sin vida ni significado en nuestro país, aquí lo hacen maravillosamente, que son al cabo productos indígenas. Las edades, los caracteres y los estados notables se han personalizado en trajes extraordinarios, y cuando se va y viene la mayor parte del año con careta puesta, se encuentra natural que también en la escena aparezcan caras negras.