Llegamos aquí temprano; ya anteayer se obscurecía el tiempo. Los días hermosos trajeron los nublados; había, no obstante, vehementes indicios de volver á componerse, y así sucedió. Las nubes se separaron poco á poco; en partes lució el cielo azul, y al fin el sol alumbró nuestro camino. Vinimos por Albano, después de haber hecho alto en Genzano, á la entrada de un parque que el Príncipe Chigi, su dueño, tiene, y no digo sostiene, de manera rarísima; á causa de ello tampoco quier que nadie lo vea por dentro. Es la reproducción de un bosque virgen. Árboles y malezas, hierbas y plantas trepadoras, crecen como quieren, se secan, se caen y se pudren; todo está bien, y por esto mismo mejor. El sitio, delante de la entrada, es bello hasta lo indecible. Una muralla alta cierra el valle, y una verja de hierro permite á la mirada penetrar en él. Luego se ve alzarse la colina sobre la cual se asienta el castillo. Sería un gran cuadro si lo emprendiese un buen pintor.

Ahora no describiré más; diré tan sçolo que, conforme distinguimos, desde lo alto del monte Sezza, las lagunas Pontinas, el mar y las islas, en aquel momento una faja de lluvia corría de las lagunas al mar, mezclando y moviendo luces y sombras, animando variadamente la yerma planicie. Muy bonito efecto producían muchas columnas de humo que iluminaba el sol, elevándose de chozas diseminadas y apenas visibles.

Velletri hállase agradablemente situado, sobre una colina volcánica, reunida sólo hacia el Norte á otras, y presenta de los tres lados la más franca vista.

Visitamos el gabinete del caballero Borgia, que en gracia del parentesco del Cardenal y del favor de la Propaganda, ha reunido excelentes antigüedades y otras cosas notables: ídolos egipcios labrados en durísima piedra; figuritas de metal más ó menos viejas, desenterradas en las cercanías; bajorrelieves de tierra cocida, en cuya virtud puede atribuirse á los antiguos pueblos estilo propio.

Este Museo posee muchas rarezas de todos estilos. Hube de poner atención en dos cajitas chinas de pintar á la tinta; en la tapa de una se representaba todo el ciclo de los gusanos de seda, y en la de la otra el cultivo del arroz. Ambas cosas con mucha naturalidad y de prolija labor. Los cofrecitos y sus estuches son especialmente lindos, y se pueden poner al lado del Libro de la Propaganda, que ya celebré.

Fuera en realidad imperdonable tener semejantes tesoros tan cerca de Roma y no visitarlos a menudo; pero la incomodidad de semejante excursión en este país, y la fuerza del círculo encantador de Roma, pueden servir de disculpa. Volviendo á la posada, nos llamaron algunas mujeres, sentadas á las puertas de sus casas, y nos propusieron si queríamos comprar antigüedades. Mostramos curiosidad de verlas, y entonces nos sacaron calderos viejos, tenazas y otros chismes de casa fuera de uso, muriéndose de risa de habernos engañado. Enojámonos, y entonces el guía puso las cosas en su lugar, asegurándonos que aquello era una broma, y que todos los extranjeros pagaban igual tributo.

Escribo en una posada muy mala, y no siento fuerzas ni gusto de continuar. Así, doy las buenas noches más afectuosas.