¡Cuánto desearía á los amigos á mi lado para que pudieran deleitarse en la vista que tengo delante!

Hoy, por la tarde, hubiera podido llegar á Verona; pero se me presentaba un aspecto de la Naturaleza tan magnífico, un espectáculo tan precioso, el lago de Garda, que no quise desperdiciarlo y me he quedado, bien recompensado, en el camino. Después de las cinco salí de Roveredo, subiendo por el costado de un valle que todavía vierte sus aguas en el Etsch. Cuando se llega á la cima, vése, á cierta distancia, en el fondo, una tremenda barrera de rocas que es menester vencer para bajar al lago. Aquí se advierte las rocas calizas más pintorescas que pueden imaginarse. Bajando se encuentra un lugarcito al extremo Norte del lago, que es un puerto, ó mejor una cala. Se llama Torbole. Ya, al subir, me acompañaran en el camino las higueras, y al descender del anfiteatro de las rocas encontré los primeros olivos cuajados de aceitunas. Vi entonces, por primera vez, como fruta vulgar, los pequeños higos blancos que me prometiera la condesa Lanthieri.

En mi habitación hay una puerta que conduce al patio. Puse delante la mesa para bosquejar la vista en algunos rasgos. Vése casi todo el lago; sólo al extremo, á la izquierda, se oculta a nuestros ojos. Las dos orillas están bordadas de colinas y montañas, resaltando en todas partes innumerables lugarcillos.

Después de la media noche sopla el viento de Norte á Sur. El que quiera bajar al lago debe aprovechar tal tiempo, pues algunas horas antes de salir el sol cambia el viento hacia el Norte. En esta primera hora de la tarde sopla muy fuerte hacia mí, y refresca lindamente el ardor del sol. Me enseña Volkmann que el lago se llamó Benacus, y cita un verso de Virgilio, que dice:

Fluctibus et fremitu resonans Benace marino.

Primer verso latino cuyo sentido veo ante mí viviente y que en este momento, cuando el viento arrecia y las altas olas del lago se estrellan contra el puerto, es tan verdad como hace muchos siglos. Infinitas cosas han cambiado; pero algunas líneas de Virgilio siguen ennobleciendo todavía el tempestuoso viento del lago.