De nuevo vuelvo á estar en un a caverna que aguantó hace un año. El pueblecito hállase en una comarca deliciosa, que contemplé á gusto, dando en torno una vuelta, al comienzo de una llanura, entre montañas todas calizas. Según Bolonia del otro lado, Terni levántase del lado de acá de los Apeninos.

Ahora que me dejó el soldado del Papa, me acompaña en el viaje un clérigo. Parece más contento de su estado, y conociéndome por hereje, contestó de buena voluntad mis preguntas, instruyéndome acerca del rito y otras cosas que le conciernen. Viendo siempre gente nueva, consigo en todas partes mi objeto. Hay que oir al pueblo halar entre sí; ¡qué idea tan viviente da esto de todo el país! Al juntarse, son adversarios de la manera más extraordinaria. Tienen el celo provincial y de pueblo más singular; no se pueden tolerar; los Estados sostienen eterna lucha, y todo eso con viveza y pasión siempre actuales; de suerte que á la continua representan comedias y se muestran al desnudo. No obstante, saben reportarse á tiempo, á fin de que los extranjeros se confundan y no puedan ver claro en sus negocios.

Subí á Spoleto y estuve en el Acueducto, á la vez puente entre un monte y otro. Los diez arcos de ladrillo, que descansan en el valle, soportan tan sosegados sus siglos, y el agua sigue corriendo á todas partes y á los extremos de Spoleto. Esta es la tercera construcción de los antiguos que veo, y siempre con el mismo gran sentido. Una segunda naturaleza que obra según las necesidades urbanas; tal es su arquitectura. Así son el Anfiteatro, el Templo y el Acueducto. Ahora conozco la razón que tenía para que me fuesen antipáticas las arbitrariedades, por ejemplo: la Winterkaste sobre el Veissenstein; un nada absolutamente, un horrible plato montado, y así otras mil cosas. Todo eso nace muerto, ya que lo que no tiene verdadera existencia interna, no tiene vida, ni es grande, ni puede llegar á serlo.

¡Cuánto deleite y cuánto conocimiento debo á las últimas ocho semanas! Costóme, sin embargo, bastante trabajo. No hago sino abrir los ojos, ansioso de que todos los objetos se me queden bien grabados. Juicio no quisiera hacerlo, aunque me fuese posible.

San Crocefiso, extraña capilla situada en el camino, téngola, no por restos de algún templo antiguo de la localidad, sino por una reunión de columnas, pilastras, entablamentos allí encontrados y juntos sin discernimiento, aunque no á ciegas. No puede describirse, mas debe existir de ella algún grabado. Y es cosa singular, mientras uno trabaja en formarse idea de la antigüedad, encontrar á cada paso ruinas que consentirían reconstruir, mediante gran trabajo, cosas de que no hay idea todavía.

Es otra cosa respecto del llamado suelo clásico. Aquí no se trata de fantasmas, tómase el país como es, y sigue siendo, teatro donde ocurrieron los hechos más grandes. Hasta ahora procuré aprovecharme del golpe de vista geológico y paisajista, á fin de suprimir la imaginación y el sentimiento, conservando idea libre y clara de la localidad. De tal suerte se fija la Historia maravillosamente de manera viva, sin darse cuenta de lo sucedido, y siento el más vivo deseo de leer á Tácito en Roma.

No debo desatender por completo el tiempo. Al subir á los Apeninos desde Bolonia, corrían las nubes siempre al Norte; más tarde cambiaron de dirección, dirigiéndose al lago Trasímeno, permaneciendo en él suspendidas, tendiendo al Mediodía. Conforme en la extensa llanura del Pó el verano empuja todas las nubes sobre las montañas del Tirol, ahora envía una parte á los Apeninos; de ello provendrán las lluvias.

Comienzan á recoger la aceituna. Hácenlo á mano; en otras partes apalcan los árboles, y si el invierno es bueno, las restantes se conservan en el olivo hasta cerca de la primavera. Hoy ví los árboles más grandes y viejos en suelos muy pedregosos.

El favor de las musas y de los demonios no nos visita siempre en el mejor tiempo. Hanme solicitado hoy para componer una cosa bien extemporánea. Cuando me acerco al punto central del catolicismo, rodeado de católicos, encerrado en una sedia en compañía de un clérigo, tratando, en el sentido más puro, de observar identificándomelos, la Naturaleza de su verdad, el Arte en su nobleza, ocúrreseme percibir clarísimo en el alma que todo rastro del cristianismo se ha extinguido ya. Sí; al representármelo en su mayor pureza y verlo en la historia de los apóstoles, me estremezco de que aquellos principios tan buenos soporten ahora tan informe barroco paganismo. He pensado en sacar de nuevo á luz el Judío Errante, que ha sido testigo de tan extraños desenvolvimientos y que vió un estado de cosas tan singular, que el mismo Cristo, cuando vuelva al mundo á examinar los frutos de su doctrina, corre el riesgo de ser crucificado segunda vez. Aquello de Venio iterum crucifixi, podría servirme de tema en esta catástrofe.

Sueños parecidos flotan delante de mi, que en mi impaciencia de adelantar camino, duermo vestido y no encuentro otra cosa más gustosa que levantarme antes de ser día, meterme en el carruaje é ir á buscar la luz entre dormido y despierto, y así las primeras y mejores imágenes de la fantasía obran en mí á su placer.