Regreso de ver á Moritz, porque hoy le han quitado el vendaje de su brazo, ya curado. Está y va muy bien. Cuanto he sabido en estos cuarenta días al lado del paciente, como enfermero, confesor confidente, ministro de hacienda y secretario particular, nos vendrá bien en lo sucesivo; los dolores más fatales y los goces más nobles, anduvieron de consuno en tanto tiempo.

Para mi recreo, he colocado ayer en la sala un vaciado de la cabeza de la Juno, colosal, cuyo original está en la villa Ludovisi. Fué mi primera pasión en Roma, y ahora la poseo. No hay palabras que den idea de lo que es esto: es como un canto de Homero.

Cierto que, para lo futuro, he merecido bien tan buena compañía, porque ya puedo anunciar que la Ifigenia está terminada; sobre mi mesa hállanse dos ejemplares bastante iguales, uno de los cuales debe ir muy pronto á poder de ustedes. ¡Acójanlo amistosamente! en el papel no va dicho en realidad lo que yo quisiera, pero se puede adivinar.

Ustedes se quejaban algunas veces de ciertos pasajes obscuros de mis cartas, que daban á entender una impresión de sufrimiento, en medio de los magníficos espectáculos presentes á mi vista. Tenía en ello no pequeña parte esta viajera griega, que me obligaba á trabajar cuando yo sólo hubiera querido contemplar.

Me acuerdo de aquel excelente amigo que se preparó á un largo viaje, que bien hubiera podido llamarse viaje de descubrimientos; después de haber estudiado y economizado algunos años, se le ocurrió, á la postre, robar la hija de una buena casa, porque pensaba matar dos pájaros de un tiro. Igualmente aturdido fuí yo cuando llevé Ifigenia á Carlsbad. Voy á indicar brevemente en qué lugar me entretuve con ella.

Pasando el Brenner la saqué del paquete grande y la llevé conmigo. En el lago de Grada, cuando el viento fuerte del Mediodía estrellaba las olas en la orilla, y yo estaba tan solo, por lo menos, con mi heroina en la playa de Tauride, escribí las primeras líneas del nuevo trabajo, que proseguí en Verona, Vizencia, y Pádua, y más asiduo en Venecia. Luego quedó en suspenso, porque se me ocurrió otra diea nueva, que era escribir Ifigenia en Delfos, lo cual hubiera hecho enseguida si no me hubiese contenido la distracción y un sentimiento de deber hacia el proyecto primitivo.

En Roma el trabajo continuó de manera regular; de noche, cuando me iba á dormir, me preparaba á la tardea del día siguiente y á ella poníame en el momento de despertar. Mi procedimiento era muy sencillo: escribía la pieza despacio, sujetándola al ritmo regular, línea á línea y período á período. Lo que de aquí haya salido, ustedes lo juzgarán. Yo en esto he aprendido más que hice. Acompañarán á la pieza algunas notas.

* * * * *

Volviendo á las cosas de iglesia, contaré que la noche de Navidad anduvimos vagabundeando, y visitamos las iglesias donde había función. Hay en particular una muy visitada, porque el órgano y la música, en general, tienen un carácter pastoril. Nada falta, ni las zampoñas de los pastores, ni el gorjeo de los pájaros, ni el balido de las ovejas.

En la primera fiesta de Navidad, vi al Papa y á toda la clerecía en la iglesia de San Pedro. El Papa celebró la Misa Mayor, en parte desde el trono y en parte delante. Es un espectáculo único en su género, bastante fastuoso y augusto. Pero yo he envejecido tanto en el Diogenismo protestante, que toda esta magnificencia me quita más que me dá. Quisiera, como mi piadoso antecesor, decir á estos espirituales vencedores del mundo: «No me quitéis el sol del Arte sublime y de la Humanidad pura».

Hoy, día de Reyes, he visto y oído celebrar la misa según el rito griego. Las ceremonias me parecen más magníficas, más severas, más aptas á la meditación, y sin embargo, más populares que las latinas.

Otra vez he vuelto á sentir que para todo he envejecido, menos para la verdad. Sis ceremonias y sus operaciones, sus procesiones y sus danzas, todo se desliza por mí como el agua sobre un impermeable; mientras al contrario, una acción de la Naturaleza, como ver una puesta de sol desde la Villa Madama, una obra de Arte como esta Juno venerada, me causan impresión profunda y vivificante.

Me asusto por anticipado del teatro. La semana que viene se abrirán siete. Anfossi está aquí en persona y da Alejandro en la India, y también dará un Ciro y La Conquista de Troya, como baile. Sería bueno para los niños.