Mie 3 Dic 2008
Roma 3 de Diciembre de 1786
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en VI - Roma, Viaje a Italia
Hasta ahora cambió el tiempo casi de seis en seis días. Dos espléndidos, uno nublado, dos ó tres lluviosos, y luego otra vez buenos. Trato de utilizar cada uno de la mejor manera posible.
Sin embargo, tantos portentos todavía son conocidos nuevos para mí. No he vivido en su compañía, no me apropié ninguna de sus cualidades. Algunas atraen con tanta fuerza, que durante algún tiempo somos indiferentes y hasta injustos respecto de obros. Así, el Panteón, el Apolo del Belvedere, algunas cabezas colosales y últimamente la Capilla Sixtina, de tal modo cautivaron mi alma, que, fuera de eso, apenas miro nada. ¿De qúe suerte ha de igualarse uno, pequeño como es y acostumbrado á lo pequeño, á estas cosas nobles y grandiosas? Y cuando hasta cierto punto se pudiese conseguir, agólpase de todas partes tremenda muchedumbre, y cada uno reclama el tributo de vuestra atención. ¿Qué hacer? Tener paciencia, dejar que el efecto se produzca y desarrolle, y estudiar cuidadosamente los trabajos que otros hicieron en nuestro favor.
La Historia del Arte de Winkelmann, nueva edición que tradujo Féa, es obra muy útil, que también me he procurado, y que aquí, sobre el terreno, en compañía de personas instruídas que comentan y explican, encuentro de mucho provecho.
Asimismo las antigüedades romanas comienzan á gustarme: historia, inscripciones, monedas, de que antes no quería oir hablar palabra, todo me estrecha ahora. Sucédeme lo mismo que con la Historia Natural. En Roma se ata toda la Historia del mundo, y celebro un segundo día de nacimiento, sí; un verdadero Renacimiento, el día que entré en ella.
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En las pocas semanas transcurridas, he visto ya venir y marcharse muchos extranjeros, admirado de su ligereza, tratando de tantas riquezas y venerables objetos. Gracias á Dios, ninguna de tales aves de paso futuras se me impondrá en el porvenir, hablándome de Roma, en el Norte; ninguna conmoverá mi pecho, que también yo he visto Roma y sé, poco más ó menos, á qué atenerme.