Mie 28 Ene 2009
Roma 28 de Enero de 1787.
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en VI - Roma, Viaje a Italia
No quiero dejar de indicar dos reflexiones, aplicables á todo, y á las cuales está uno llamado á someterse á cada momento, y que se me han hecho evidentes.
En primer lugar, la riqueza inmensa, aunque dividida en fragmentos, de esta ciudad, hace que se tenga que averiguar el tiempo á qu epertenece cada objeto de Arte. Winkelmann nos recomienda encarecidamente que distingamos épocas, observemos los diferentes estilos en que los pueblos trabajaron, que desarrollaron poco á poco en la sucesión de los tiempos, y que al fin y al cabo, corrompieron. Todos los verdaderos amigos del Arte están de ello convencidos. Hagamos reconoder toda la exactitud, toda la importancia del consejo. ¿Mas cómo llegar á este conocimiento? No se hicieron muchos trabajos preparatorios; lograron no obstante exponer muy bien la idea, pero los detalles quedaron en la incertidumbre, en la obscuridad. Es necesario que el ojo se ejercite en serio durante largos años, y hay que empezar aprendiendo hasta ponerse en estado de interrogar. De nada sirven la indecisión, la duda. La atención sobre punto de tal importancia hállase excitada ahora, y todo el que lo mira interesado vé bien que tampoco en este terreno es posible ningún juicio, si no se está en condiciones de desarrollarlo históricamente.
La segunda consideración se ocupa tan solo en el Arte de los Griegos, y trata de investigar cómo aquellos incomparables artistas procedían hasta descubrir en la figura humana el ciclo de las imágenes divinas, perfectamente acabado y sin falta de ningún carácter principal, ni tampoco la transición y los intermediarios. Presumo que trabajaron conformándose á las propias leyes que la naturaleza sigue en sus procedimientos, sobre cuya pista estoy; pero hay algo además que no sabría explicar