Sab 21 Feb 2009
Roma 21 de Febrero de 1787, miércoles de ceniza.
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en VI - Roma, Viaje a Italia
¡También la locura tiene su término! Las innumerables luces de ayer, eran asimismo espectáculo insensato. Debe uno estar el Carnaval en Roma, para perder en absoluto el deseo de volverlo á ver. Nada se puede escribir sobre esto; todo lo más podría ser motivo de una conversación. Lo que se siente más desagradable es que falta la alegría interior de los hombres, y carecen de dinero para manifestar la poquita que podrían tener. Los grandes son económicos, y se contienen; la clase media es pobre, y el pueblo indolente. Los últimos días, el ruido era increíble; pero nada de alegría verdadera. El cielo, tan infinitamente puro y hermoso, inocente de esta farsa, la miraba augusto.
Ya que no cabe descripción, van dibujos coloridos de las máscaras y de los trajes propios romanos, para recreo de los niños, y esto subsanará á vuestros queridos pequeños, de un capítulo que falta en el Orbis Pictus
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Utilizo los momentos libres entre el arreglo del equipaje, y reparo algunas omisiones. Mañana salimos para Nápoles: me regocijo en lo nuevo, en lo indeciblemente bello que debe ser, y espero en aquel pequeño paraíso alcanzar nueva libertad, nuevo deseo, y volver aquí, en la grave Roma, al estudio del Arte.
El equipaje no me da que hacer; hágolo con el corazón más ligero que hace medio año, cuando tenía que desprenderme de todo lo que me era tan querido y respetable. Sí; hace ya medio año, y de los cuatro meses pasados en Roma no he perdido momento, lo que en verdad puede llamarse mucho, aunque no puede decirse que es bastante.
Sé la feliz llegada de la Ifigenia; ¡ojalá sepa, al pie del Vesubio, que ha tenido buena acogida!
Este viaje con Tischbein, que sabe ver con tanto genio la Naturaleza como el Arte, es para mí de gran importancia; sin embargo, á fuer de buenos alemanes, no podemos prescindir de proyectos de trabajos. Hemos comprado papel del mejor y lo llevamos para dibujar, aunque el número, la belleza y el brillo de los objetos, de seguro pondrán límites á nuestra buena voluntad.
He sabido moderarme, y de mis trabajos poéticos sólo llevo el Tasso. En él cifro mis mejores esperanzas. Si supiera al menos lo que dicen ustedes de Ifigenia, eso podría servirme de norma, pues es un trabajo parecido, aunque el asunto, más concreto que aquél, en los detalles exige más cuidado; sin embargo, aún no sé lo que saldrá. Todo lo hecho tengo que destruirlo, pues cuenta demasiada fecha, y ni los personajes, ni el plan, ni el tono, tienen el menor parentesco con mis ideas actuales.
Al hacer mi equipaje me han venido á las manos algunas de vuestras queridas cartas, y leyéndolas de nuevo, hallo la tacha de que yo en las mías me contradigo. En verdad, no puedo advertirlo -pues lo que escribo lo envío de seguida;- sin embargo, me parece verosímil, pues empujado de un lado y otro por una fuerza superior, es natural que no siempre sepa dónde estoy.
Cuentan que un marinero, sorprendido una noche en la mar por una borrasca, trataba de dirigir su barco al puerto. Su hijo pequeño, agarrándose á él en las tinieblas, le preguntó: «¿Qué lucecita loca es aquella de allí que unas veces la veo debajo de nosotros y otras encima?»
El padre le prometió la contestación para el día siguiente, y vióse que había sido la llama del faro que aparecía á la vista, balanceada por las furiosas olas, tan pronto arriba como abajo.
También yo guío mi barca á fuerza de trabajo, en un mar apasionadamente movido, hacia el puerto, y tengo clavados mis ojos en la llama del faro y, aunque me parece alguna vez que cambia de sitio, al fin llegaré feliz á la orilla.
Con la marcha recuerda uno todas las separaciones anteriores, y también le viene sin querer á la memoria la de lo provenir, que será la última; y ahora me ocurre más que nunca la reflexión de que hacemos muchos, demasiados preparativos, para vivir, pues Tischbein y yo volvemos la espalda á maravillas sin cuento, incluso nuestro museo ien provisto. ¡Tres Junos tenemos colocadas, una al lado de otra, para compararlas, y las dejamos como si nada fuera!