Y sin embargo, hay en esto más afanes y cuidados que goces. El doble nacimiento, que me rehace de dentro fuera, continúa operando. No ignoraba que aquí es donde había de aprender á derechas, mas no pensaba volver tan atrás á la escuela, desaprender tanto, desaprenderlo todo, para volver á aprenderlo de otro modo. Pero ahora estoy convencido y me he entregado, y cuanto más me desmiento, más contento estoy. Véome parecido al arquitecto que intentó construir la torre y le hizo malos cimientos; conociéndolo á tiempo, deshizo lo levantado fuera de la fierra y trató de ensanchar los planos, perfeccionarlos, asegurar mejor os cimientos, y de antemano se regocijó en la segura fortaleza del futuro edificio. Quiera el cielo que á mi regreso también se sientan las consecuencias morales que me procuró la vida en mundo más ancho. Sí; al igual del artístico, el sentido moral sufre gran renovación.

El Dr. Münter está aquí, de vuelta de su viaje á Sicilia. Es un hombre enérgico y firme. No conozco sus proyectos. Deben ustedes tenerlo en Mayo, y llevará muchas cosas que contar. Viajó dos años por Italia. Muéstrase descontento de los italianos, que no hicieron bastante caso de las importantes cartas de recomendación que traía y debían abrirle las puertas de Archivos y Bibliotecas secretas; así es que no obtuvo el éxito deseado.

Ha coleccionado hermosas monedas, y posee, según me dijo, un manuscrito que debe ordenar la Numismática, valiéndose de caracteres fijos, como los de Linneo. Herder se informará mejor; tal vez sea permitido copiarlo. Es posible hacer algo semejante. Me alegraré que lo consigan. Tarde ó temprano habremos de entrar seriamente en ese terreno.

Principio ahora á ver de nuevo los mejores objetos, habiéndose convertido el primer pasmo en familiaridad y sentimiento más puro del mérito de las cosas. Tratando elevarse á la más completa apreciación de cuanto los hombres produjeron, ha menester el alma haber llegado á una libertad completa.

El mármol es un material de cualidades singulares, y en él consiste el encanto ilimitado del Apolo del Belvedere original. El soplo sublime de vida, de libertad, de aquel ser eternamente joven, desaparece, aun en las mejores reproducciones del yeso.

Frente á nosotros, en el palacio Rondanini, hay una careta de Medusa, en la que, sobre un rostro hermoso y noble, de tamaño colosal, se ve admirablemente impresa la rigidez angustiosa de la muerte. Poseo una buena copia, pero el encanto del mármol no ha pasado á ella. El noble carácter, la semitransparencia amarillenta de la piedra, imitando el color de la carne, ha desaparecido; el yeso, la contrario, siempre parece enjabelgado y muerto.

Y sin embargo, ¡qué placer tan grande es entrar en el taller de un vaciador y ver salir, uno á uno, de los moldes, los magníficos miembros de las estatuas, adquiriendo así nuevos aspectos de las figuras! Además, vése reunido lo esparcido en Roma, cosa muy ventajosa para la comparación. No resistí el deseo de comprar una cabeza colosal de Júpiter. Hela colocado frente á mi cama, á buena luz, con propósito de dirigirle mis devociones matinales; toda su grandeza y majestad nos ha proporcionado una escena chistosa.

Detrás de nuestra vieja posadera, cuando entra á hacer mi cama, suele escurrirse su gato favorito. Hallábame sentado en la sala grande, y oí trajinar dentro á la mujer. De repente, toda apresurada y emocionada, contra su costumbre, abrió la puerta y me pidió que entrase á ver un milagro. Al preguntarle lo que era, respondióme que el gato estaba rezando al Dios Padre. Ya advirtiera ella, de tiempo atrás, que aquel animal tenía el entendimiento de un cristiano; no obstante, esto era un gran milagro. Fui á verlo con mis propios ojos, y en efecto era bastante extraordinario.

El busto descansaba en un pedestal alto, y el cuerpo, cortado bastante más abajo que el pecho, de manera que la cabeza sube mucho. El gato, saltando sobre la mesa, colocara sus patas en el pecho del dios, y estirando todo lo posible sus miembros, llegaba el hocico á la santa barba, que lamía con la mayor delicadeza, sin que las interjecciones de la huéspeda ni mi participación les estorba en en lo más mínimo.

Dejé á la buena mujer admirarse, y me expliqué esta devoción gatuna de la manera siguiente: este animal tiene un olfato muy fino y pudo bien acertar el rastro de la grasa que del molde pasaría á las cavidades de la barba, quedando allí adherida.