Lun 2 Feb 2009
Roma 2 de febrero de 1787.
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en VI - Roma, Viaje a Italia
No se puede tener idea, sin haberla visto, de la belleza que presenta Roma, recorrida á la luz de la luna llena. Todos los detalles se pierden en la gran masa de luces y sombras, y sólo el conjunto y los objetos grandes se ofrecen á la vista. Desde hace tres días venimos gozando en pleno de las claras, esplendidas noches. El Coliseo, sobre todo, presenta una vista hermosa. Ciérranlo las noches, y dentro, en una capillita, vive un ermitaño, y en las bóvedas arruinadas anidan mendigos. Estos habían encendido una hoguera en la tierra, y un viento manso empujaba el humo primero á la arena, de suerte que cubría la parte inferior de las ruinas, y sobre él avanzaban siniestras las enormes murallas. Detuvímonos delante de la verja viendo el fenómeno; la luna estaba alta y resplandeciente. Poco á poco, el humo salió á través de las paredes por las grietas y aberturas, y la luna lo iluminaba como una niebla. El espectáctulo era soberbio. Así debe uno ver iluminados el Panteón, el Capitolio, el pórtico de la iglesia de San Pedro y calles y plazas grandes. De suerte que el sol y la luna, como el espíritu del hombre, tienen que hacer aquí cosa distinta que en otros lugares; aquí donde sus miradas encuentran masas enormes, y sin embargo, regulares.