El tiempo continúa hermoso sobre toda ponderación: hoy he pasado con dolor el día entre locos. Al principiar la noche me he recreado en la Villa Médicis. La luna nueva avanza, y al lado del cuarto creciente se puede ver, en perspectiva, perfectamente claro, á la simple vista, todo el disco oscuro. Con el anteojo, flota sobre la tierra el polvillo del día, que sólo conoce uno en los cuadros y dibujos de Claudio de Lorena; pero es difícil ver en la Naturaleza el fenómeno tan bello como aquí. Ahora salen de tierra flores que no conozco, y nuevas hojas en los árboles. Florecen los almendros y hacen graciosa aparición entre las oscuras encinas. Iluminado por el sol, el cielo parece de seda azul clara. ¡Cómo será en Nápoles! La mayor parte del campo está ya verde. Mi quimera botánica, á todo esto, se fortalece, y estoy en camino de descubrir nuevas y hermosas relaciones. A saber cómo la Naturaleza, este prodigio que no se asemeja á nada, desarrolla de la unidad toda aquella diversidad.

El Vesubio arroja piedras y ceniza, y á la noche vese arder el cima. ¡Si la Naturaleza en acción nos diese un río de lava! Ahora apenas puedo esperar el momento de tomar parte en aquel gran espectáculo.