Otra vez hace buen tiempo: claro, grato y templado. Admiré en la Farnesiana la historia de Psyquis, cuyas copias, coloridas, hace tanto tiempo alegran mi cuarto. Después, en San Pedro in Montorio, la Transfiguración, de Rafael, todos conocidos antiguos hechos á distancia, por cartas, y que ahora los trato en persona. Es la convivencia cosa muy distinta, porque las relaciones, verdaderas ó falsas, se perciben en seguida.

Hállanse también cosas muy bellas en grabados y copias. Muchas llevo conmigo, dibujadas por buenos artistas jóvenes.

Mis antiguas excelentes correspondencias con Tischbein, los mutuos deseos, aun sin esperanza, de venir á Italia, hicieron nuestro encuentro á la vez gustoso y útil.

Él siempre pensara en mí, preocupándose de mi persona. Conoce, también de modo perfecto, las piedras de construcción de antiguos y modernos, las ha estudiado á fondo, habiéndole servido su golpe de vista artístico en los objetos sensibles. Últimamente mandóme á Weimar una colección de ejemplares escogidos, que me hará excelente acogida al regreso. Mientras tanto, hase encontrado un suplemento muy importante. Un eclesiástico, que vive ahora en Francia y pensaba escribir acerca de los géneros de piedras antiguas, merced á la Propaganda, recibió de la isla de Paros trozos de mármol muy importantes.

Cortáronse aquí las muestras, y me reservaron doce pedazos diferentes, desde el grano más fino hasta el más basto, todos de la mayor pureza y más ó menos mezclados con mica, utilizables respectivamente en la Estatuaria y en la Arquitectura. Salta á la vista la gran ayuda que á la perfecta apreciación del Arte presta el completo conocimiento de cuantos materiales emplea.

De recoger tales cosas hay aquí bastantes ocasiones. Sobre las ruinas del palacio de Nerón, íbamos entre plantaciones de alcachofas recién amontonadas, y no pudimos menos de llenarnos los bolsillos de granito, pórfido y chapitas de mármol abundantísimas, inagotables testigos de la magnificencia de las paredes que un día cubrieron.

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Hablaré ahora de un maravilloso y problemático cuadro que se ve con mucho gusto, aun después de aquellos excelentes objetos.

Hace ya muchos años vivía en Roma un francés, conocido por aficionado á las artes y coleccionista. Llegó á poseer un fresco antiguo, cuya procedencia se ignora: restauróselo Mengs, y púsolo á modo de tesoro en su colección. Winkelmann habla entusiasmado de él en algún pasaje de sus obras. Representa á Ganimedes escanciando á Júpiter una copa de vino, y recibiendo en cambio un beso. El francés murió y dejó el cuadro a su hostelera, como antiguo. Mengs murió y dijo en su lecho de muerte que no era antiguo, que él lo había pintado. Y ahora hay grandes debates. Unos sostienen que Mengs hizo aquello fácilmente, jugando; los otros dicen: —Mengs no pudo hacer nunca semejante cosa, casi demasiado bella para Rafael. Ayer la ví, y debo decri que no conozco nada más hermoso que la figura de Ganimedes, cabeza y espalda; lo otro, demasiado restaurado. Entretanto, el cuadro perdió el crédito y la pobre mujer no pudo deshacerse de su tesoro.