Voy á contar un incidente feliz, aunque de menor cuantía: todo lo feliz, grande ó pequeño, pertenece á la misma especie y alegra. En Trinità de Monti están abriendo los cimientos para un nuevo Obelisco. Las tierras, amontonadas, pertenecen á los jardines Lúculo, que después fueron del Emperador. Mi peluquero pasó temprano por allí y encontró, en los escombros, un pedazo chato de barro cocido con figuritas, lo lavó y nos lo trajo.

Me lo apropié enseguida. No es tan grande como la mano, y parece ser el borde de un gran plato. Representa dos Grifos sobre una mesa propiciatoria. Son del más hermoso trabajo, y me proporcionaron un placer nada común. Si estuviesen grabados en piedra, ¡qué delicioso sello se podría hacer de ella!

Otras muchas cosas he reunido, y nada inútil ni frívolo (aquí sería imposible); todo instructivo é interesante. Sin embargo, lo que prefiero es lo que llevo en el alma, y que, creciendo siempre, puede siempre multiplicarse.