Sab 13 Dic 2008
Roma 13 de Diciembre de 1786
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en VI - Roma, Viaje a Italia
¡Cuán de veras alegróme que tomáseis mi desaparición en el sentido que deseaba! Reconcíliense ahora los corazones que á causa de esto hayan podido disgustarse y sufrir. No quise lastimar á nadie, y tampoco quiero ahora decir nada en mi disculpa. Dios me preserve de entristecer á ningún amigo con las premisas de esta determinación. Repóngome aquí despacio de mi salto mortale y estudio más de lo que gozo. Roma es un mundo, y se necesitan años sólo para acostumbrarse a él. ¡Qué felices encuentro á los viajeros que ven y se van!
Hoy á la mañana viniéronme á las manos las cartas que Winkelmann escribió desde Italia. ¡Cuánta emoción principiando á leerlas! Hace treinta años, en la misma estación, llegó aquí un desdichado más loco que yo. Dotado de la propia seriedad germánica, trabajaba á fondo el estudio de la antigüedad y del Arte: ¡qué sabrosamente y qué bien trabajó! Y ahora, ¡cuánto no me significa el recuerdo de tal hombre en este sitio!
Fuera de los objetos de la Naturaleza, en todas sus partes verdadera y consecuente, nada habla tan alto como la huella de un hombre bueno é inteligente, y el Arte noble, tan consecuente como aquélla. Esto se puede sentir perfectamente en Roma, donde tanto se ha encarnizado la arbitrariedad, donde el poder y el dinero eternizan tantos desatinos.
Un pasaje de la carta de Winkelmann á Franque agradóme en particular. «En Roma es preciso investigarlo todo con mucha flema, sin la cual se corre el riego de pasar por francés. Es Roma, á mi entender, la Escuela Superior para todo el mundo, y también yo me he depurado y probado en ella».
Lo dicho entra de lleno en mi manera de sentir, y á la verdad, fuera de Roma no hay idea de cómo aquí se nos enseña. Dijérase que es fuerza volver á nacer, porque el mismo caso de hace de las anteriores ideas que de los zapatos de chico. El hombre más vulgar fórmase algo en Roma, pues, al menos, gana ideas que salen de lo corriente, aunque no pueda identificarse con las cosas.
Esta carta os llegará en año nuevo. ¡Séaos el comienzo muy feliz! Antes del fin volveremos á vernos, y no será pequeña alegría. El que termina ha sido el más importante de mi vida. Que muera ahora ó que viva todavía un poco, siempre me habrá sido bueno.
Lo que sigue podéis leérselo ó contárselo á los niños. Aquí no se nota el invierno: los jardines están plantados de árboles siempre verdes. El sol brilla y calienta; la nieve sólo se ve en lejanas montañas, hacia el Norte.
Los limoneros, adosados á las paredes de los jardines, vanlos cubriendo, poco á poco, con tejados de caña; pero los naranjos permanecen al aire libre. Cientos de las hermosas frutas penden de cada árbol, no como en nuestro país, recortado y plantado en una cuba, sino en tierra, libre y contento, formando hilera con sus hermanos. No se puede soñar cosa más alegre que semejante vista. Mediante corta propina, se tienen cuantas naranjas se quieren. Ahora ya están buenas; en Marzo estarán mucho mejores.
Días pasados estuvimos en una pescata en el mar. Las figuras más extraordinarias de pescados salieron á la vista: cangrejos disformes y raros; también cogimos el pez que produce una conmoción por su descarga eléctrica.