Al fin puedo abrir la boca y saludar á mis amigos, alegre el corazón. Perdóneseme el secreto, y el viaje, en cierto modo subterráneo, hasta llegar aquí. Apenas me atrevía á decirme á donde iba; aún en el camino, temía y solamente en la porta del Popolo estuve seguro de tener á Roma.

Y diré también ahora, en la proximidad de los objetos que nunca creí ver solo, que pienso en vosotros mil veces, constantemente. Sólo viendo encadenado á cada uno en cuerpo y alma en el Norte, desvanecida toda pretensión á estos países, pude decidirme á hacer un largo y solitario viaje, en busca del punto céntrico al que irresistible necesidad me empujaba. Los últimos años llegó á ser una especie de enfermedad que sólo curarían vista y presencia. Ya me atrevo a confesarlo; llegué á no poder mirar ningún libro latino, ninguna estampa del país italiano. La curiosidad de ver esta tierra pasaba de madura. Ahora, satisfecha, mis amigos y mi patria volverán á ser amados á fondo, y el retorno deseable. Si, tanto más deseable, cuanto siento de cierto que no poseo tantos tesoros como traigo para mi uso privado, sino que servirán de guía y adelantamiento mío y de los demás, durante toda la vida.

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Estoy al fin en esta capital del mundo. Si hubiese visto á Roma hace quince años, bien acompañado y bajo la dirección de un hombre inteligente, me hubiera envanecido. Debía verla y visitarla sólo con mis propios ojos, y así bueno fué que semejante placer viniera tan tarde.

Casi al vuelo pasé las montañas del Tirol. Verona, Vicenza, Padua, Venecia, las ví bien: Ferrara, Cento, Bologna, de prisa, y Florencia apenas la he visto. La comezón de llegar á Roma era tan grande, crecía d tal modo á cada momento, que ya no había paradas, y sólo tres horas me detuve en Florencia. Ahora estoy aquí tranquilo; según parece, me habré tranquilizado para toda la vida: pues bien puede decirse que se comienza nueva vida al ver todo con sus ojos, conocer las cosas igualmente dentro y fuera. Todos los sueños de mi juventud viven ahora. Los primeros grabados que recuerdo -mi padre tenía las vistas de Roma colgadas en una antesala;- los veo en realidad, y cuanto conozco de antiguo en cuadros, dibujos, grabados en cobre y en madera, yesos y corchos, todo á la vez se alza delante de mí. Donde quiera que voy encuentro, en un mundo nuevo, un conocido antiguo; todo me parece conforme lo pensaba, y todo es nuevo. Otro tanto puedo decir de mis observaciones y de mis ideas. No tuve pensamiento del todo nuevo: nada he encontrado por entero desconocido; mas lo viejo está de tal manera dispuesto, viviente y agrupado, que puede valer por nuevo.

Cuando Pigmalión formó a Elisa según todos sus deseos, dándole tanta verdad y vida cuenta el artista que al fin se adelantó la estatua hacia él, diciéndole: ¡Yo soy! ¡Cuán diferente era la piedra viva de la labrada!

¡También me es útil y provechoso vivir en un pueblo sensual del que tanto se ha escrito y hablado, al que cada extranjero mide según el bastón que trae consigo! Perdono á todos los que lo censuran é injurian.

Están demasiado lejos de nosotros y como extranjeros su comercio cuesta mucho trabajo y dinero.