Al fin tengo la obra de Palladio: no en verdad la edición original, que he visto en Vicenza, cuyos grabados están abiertos en madera, sino una copia fiel, un facsímile en acero, edición preparada por un hombre excelente, Smith, antiguo cónsul inglés en Venecia. Preciso es confesar que los ingleses, desde hace tiempo, saben apreciar lo bueno y tienen una manera grandiosa de difundirlo.

Con motivo de esta compra entré en una librería, cosa que en Italia tiene un aspecto muy original. Todos los libros están encuadernados y colocados en contorno al alcance de la mano. Siempre se encuentra gente escogida. Los algo versados en la literatura, ya sean del clero secular, de la nobleza ó artistas, entran y salen á cada momento. Desean un libro, lo piden, hojéanlo, tómanlo ó déjanlo, como les parece. hallé reunidas una media docena de personas: cuando pregunté por las obras de Palladio, todos se fijaron en mí, y mientras el dueño de la tienda buscaba el libro, celebrándolo y diéronme noticia del original y de las copias. Conocían bien la obra y el mérito del autor, y creyéndome arquitecto, me alabaron por seguir en el estudio los pasos de este maestro, antes que otro alguno. Era más útil en su uso y aplicación que el mismo Vitrubio, pues habiendo estudiado á fondo Palladio la antigüedad y los antiguos, se esforzaba en apropiar aquellos conocimientos adquiridos á la satisfacción de nuestras necesidades. Conversé mucho tiempo con otras amables personas; adquirí noticias sobre las cosas notables del pueblo, y me despedí.

Ya que tantas iglesias se han construido y dedicado á los santos, es bien que haya lugares donde erigir monumentos á los hombres razonables. El busto del Cardenal Bembo, rodeado de columnas jónicas, es una hermosa cabeza que se reconcentra, si así puede decirse, con esfuerzo, en sí misma; lleva barba larga y espesa; la inscripción dice así:

Petri Bembi Card, imaginem Hier. Guerinus Ismeni f. in publico ponendam curavit ut cujus ingenii monumenta aeterna sint ejus corporis quoque memoria ne a posteritate desideretur.

Con toda su dignidad, el edificio de la Universidad me dió miedo. Me congratulo de no haber tenido que estudiar en ella.

No hay idea de salas más estrechas, aun habiendo tenido que sufrir en los bancos de estudiante de las Universidades alemanas. El anfiteatro de anatomía es, en particular, un modelo de cómo se pueden estibar los alumnos. Los oyentes están prensados unos sobre otros, en un alto y afilado embudo. Bajan sus miradas perpendiculares sobre el menguado fondo, á la mesa, donde no hay luz que llegue, por lo que el profesor hace sus demostraciones á favor de una lámpara.

En cambio, el jardín botánico es bonito y alegre. Muchas son las plantas que pueden pasar el invierno al aire libre, arrimadas á un muro ó cerca de él. Ponen los abrigos á fin de Octubre y calientan las estufas muy pocos meses. Instruye y deleita encontrarse en medio de vegetación desconocida. Con las plantas comunes sucede lo mismo que con los objetos conocidos de antiguo; llega uno á no pensar en ellos, y ¿qué es ver sin pensar? Aquí, en presencia de esta diversidad, nueva para mí, siento más viva la idea e que todas las plantas deben proceder de una sola. Únicamente de esa manera sería posible determinar con acierto los géneros y las especies, cosa hecha, hasta ahora, de modo muy arbitrario, á mi parecer.

Este es el problema donde he quedado en mi filosofía botánica, é ignoro la manera de desenredarme.

La profundidad y extensión del asunto parécenme completamente iguales.

Es la gran plaza llamada Prato della valle un terreno espacioso, en el cual se celebra la feria de Junio. Las barracas de madera, situadas en el centro, no le dan aspecto muy ventajoso, pero los paduanos aseguran que pronto habrá una fiera de piedra, semejante á la de Verona. La disposición que ya se ve alrededor de la plaza, y es de hermoso efecto, permite concebir fundada esperanza de que se hará. Un inmenso óvalo, adornado de las estatuas de hombres notables que aquí aprendieron ó enseñaron. A cualquiera, natural ó extranjero, se le permite levantar una estatua, con su columna ajustada á dimensiones prescritas, de compatriota ó pariente, probando siempre su mérito y permanencia en la Universidad de Padua. Dibujando el óvalo hay un foso lleno de agua: sobre los cuatro puentes que lo atraviesan, estatuas colosales de Papas y de Doges; las otras, más pequeñas, hiciéronlas corporaciones, particulares ó extranjeros. El rey de Suecia erigió una á Gustavo Adolfo, porque dicen que oyó, en cierto tiempo, una lección en Padua. El archiduque Leopoldo, consagró recuerdos al Petrarca y á Galileo. Las estatuas son de estilo franco moderno; muy pocas hay amaneradas; algunas muy naturales, todas en los trajes de su tiempo y dignidades. Las inscripciones merecen alabanza; nada hay sobrecargado ni mezquino.

Para cualquiera Universidad hubiera sido feliz el pensamiento, sobre todo para ésta, pues es grato ver llamar de nuevo á la vida todo un pasado. Será una plaza hermosísima cuando la fiera de madera desaparezca y la substituya otra de piedra, conforme á plan fijo.

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En la sala donde se reúne una de las Hermandades de San Antonio existen cuadros antiguos que recuerdan la vieja escuela alemana, y algunos también del Ticiano, conociéndose ya en ellos el gran paso, que nadie dió por sí mismo más allá de los Alpes.

Enseguida vi otros de los pintores modernos. Estos artistas, que no pudieron alcanzar la elevada seriedad, se muestran humorísticos, con excelente éxito.

La decapitación de San Juan Bautista, de Piazetta, es en el género, y dada la manera del maestro, un buen cuadro. Juan está arrodillado con las manos juntas; la rodilla derecha sobre una piedra, y los ojos dirigidos al cielo. El soldado que lo tiene encadenado por detrás se inclina, volviéndose, y le mira al rostro, maravillado de su resignación. Otro hay de pie, que es quien debe dar el golpe, mas no tiene espada, sino que hace con las manos el ademán, cual si tratara de adiestrarse antes. Un tercero, más abajo, saca la espada de la vaina. El pensamiento es feliz, aunque sin grandeza; la composición del mejor efecto, é impresiona.

En la iglesia de los ermitaños he visto cuadros de Mantegna, uno de los pintores antiguos ante el cual me asombro. ¡Qué realidad tan segura y penetrante en aquellos cuadros! Todo allí es verdad y no mera apariencia, efecto engañoso que habla sólo á la imaginación. Esta realidad vigorosa, pura, clara, desarrollada, concienzuda, delicada, preciosa, que al miso tiempo tiene algo de austera, de laboriosa, es el punto de donde partieron los pintores que le sucedieron, como he podido observar en los cuadros del Ticiano. así pudo la viveza del genio y la energía de la naturaleza de estos artistas, iluminada por el espíritu de sus predecesores, sostenida por su propia fuerza, así pudo crecer más y más, y elevándose sobre la tierra, producir figuras celestiales, pero verdaderas. De tal manera se ha desarrollado el Arte después de los tiempos bárbaros.

La sala de Audiencia del Ayuntamiento, que merece bien el aumentativo que le dan de Salone, es un espacio cubierto tan enorme, que no se puede uno representar aunque tenga el recuerdo reciente. Trescientos pies de largo, ciento de ancho y otros ciento de alto hasta la bóveda, que, en toda su longitud, la cubre. Tan acostumbrados están los hombres á vivir al aire libre, que halló medio el arquitecto de cubrir una plaza de mercado. Y no cabe duda que este enorme espacio abovedado produce particular sensación. Es un infinito cerrado, más en armonía con el hombre que el firmamento; éste nos arranca de nuestro ser, y aquél, de la manera más suave, nos devuelve á él.

Detúveme asimismo con gusto en la iglesia de Santa Justina, de cuatrocientos ochenta y cinco pies de largo, ancha y alta á proporción, construída con sencillez grandiosa. En uno de sus rincones medité esta tarde tranquilamente. Sentíame en absoluto solo; nadie en el mundo que en mí pesnase en aquel momento, me buscaría allí.

Ahora, vuelta á hacer mi equipaje. Mañana temprano emprenderé el viaje por el río Brenta. Hoy hay llovido y enseguida aclaró de nuevo, y espero ver, con buen tiempo y en un día hermoso, las lagunas y la reina desposada del mar, y saludar desde su seno á mis amigos.