Mar 3 Mar 2009
Nápoles 3 de Marzo de 1787.
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en VII - Nápoles, Viaje a Italia
El 2 de Marzo subí al Vesubio, aunque el tiempo estaba turbio y la cima envuelta en nubes. Llegué en coche hasta Resina; después subí la montaña en mula, entre viñedos: luego á pie, sobre la lava del año 71, ya cubierta de fina capa de musgo. Más arriba, al borde de la lava, la cabaña del ermitaño quedó á mi izquierda, en la altura. Más lejos se sube al monte de cenizas, que es trabajo arduo. Las dos terceras partes de la colina estaban cubiertas de nubes. Al fin llegamos al cráter viejo, hoy relleno; encontramos las lavas nuevas de hace dos meses y medio, y también una débil de cinco días, ya enfriada. Subimos sobre ellas salvando una colina volcánica emergida recientemente; por todas partes echaba humo que se alejaba de nosotros; quise subir al cráter. Caminamos entre el vapor unos cincuenta pasos, cuando se hizo tan fuerte, que apenas podía distinguir mis zapatos. De nada servía tener el pañuelo en las narices. El guía desapareció. Los pasos sobre la lava arrojada del volcán eran inseguros, y tuve á bien dar la vuelta y dejar la ojeada apetecida para el tiempo más claro y el humo menos denso. Mientras tanto, ya conocí lo malo de respirar semejante atmósfera.
En todas partes estaba silenciosa la montaña: ni llamas, ni bramidos, ni piedras arrojadas, como en los tiempos anteriores. Ahora la he reconocido para sitiarla en debida forma luego que el tiempo mejore.
Las lavas que encontré me eran bien conocidas. Mas descubrí un fenómeno, á mi entender muy notable, y del cual he de informare más al pormenor de los coleccionistas y conocedores. Es una piedra en forma de gota, revestimiento de chimeneas volcánicas, que fueron primero bóvedas y luego estallaron, habiendo salido dichos materiales por el cráter antiguo, hoy lleno. Dura, gris, estalictiforme, esta piedra paréceme haber sido formada en la sublimación de las destilaciones volcánicas más finas, sin la cooperación de la humedad y sin fusión. Da motivo de pensar.
Hoy, tres de Marzo, el tiempo está cubierto y sopla el sirocco. Buen tiempo para día de correo.
He visto ya aquí en abundancia hombres de toda especie, hermosos caballos y pescados maravillosos. De la situación de la ciudad y su magnificencia, que con tanta frecuencia se describe y celebra, ni una palabra. Vedi Napoli è puori mòri. Dicen aquí: Vé Nápoles y muérete después.
Envío algunas hojas noticiando mi llegada y también el sobre de la última carta de ustedes, ahumado en una esquina, en testimonio de haberme acompañado al Vesubio. Si embargo, ni en el sueño, ni en la vigilia, debo aparecer rodeado de peligros. Tengan la seguridad que donde vaya no hay más peligor que en el camino de Belvedere. La tierra, en todas partes, es del Señor; bien debe decirse en esta ocasión. No busco aventuras en exceso de curiosidad ni por singularizarme; puedo hacer y arriesgar más que otros, porque en general, veo claro y sorprendo las particularidades de cada objeto. En la parte de Sicilia no hay el menor peligro. Hace pocos días salió la fragata hacia Palermo con viento favorable del Norte. Dejó Capri á la derecha, y de seguro hará el trayecto en treinta y seis horas. En realidad no se ve el peligro que quieren hacernos creer á distancia.
En la baja Italia no hay trazas de terremotos; en la superior, últimamente Rímini y los lugares próximos sufrieron mucho daño. Hay para ello frescura especial. Se habla como del viento y la lluvia, y como en Turingia de los incendios.
Me alegro que se familiaricen ustedes con la nueva forma de la Ifigenia, y me hubiera alegrado más que la diferencia les hubiera parecido más sensible. Sé lo que hice, y así puedo decirlo, porque podían haber sido más lejos. Si es un placer gozar de los bueno, es un placer mayor sentir lo mejor, y en Arte sólo es lo excelente bastante bueno.