Llegamos felizmente y con buenos presagios. Del día de viaje tengo que decir mucho. Dejamos á Santa Ágata saliendo el sol. Soplaba fuerte viento detrás de nosotros, y el Nordeste se sostuvo todo el día. A la primera hora de la tarde había dispersado todas las nubes; tuvimos frío.

Nuestro camino volvió á ser de colinas volcánicas, entre las cuales creí ver todavía rocas calizas. Por último llegamos á la llanura de Cápua, y poco después á Cápua misma, donde hicimos el alto del medio día. A la tarde se abrió delante de nosotros una hermosa llanura. La ancha carretera cortaba verdes campos de trigo, extendido á manera de alfombra, de un palmo de altura. Hileras de olmos, con las ramas podadas hasta mucha altura, que las vides abrazaban, veíanse en todo el contorno. Esto dura hasta Nápoles; un suelo limpio, rico y permeable. Las cepas de la viña son de una fuerza poco común, y las ramas, á manera de redes, penden de un olmo á otro.

El Vesubio permanecía siempre á nuestra izquierda, humeando poderosamente, y yo, en silencio, encantábame viendo con mis propios ojos tal maravilla. El cielo seguía claro, y al fin el sol entró bien en nuestra estrecha morada de ruedas. Del todo pura y clara la atmósfera, nos acercamos á Nápoles, y entonces nos encontramos, á la verdad, en otra tierra. Los tejados planos anuncian otro clima. En el interior pueden no ser sus viviendas muy cómodas. Todo el mundo está en la calle tomando el sol cuanto tiempo quiere lucir. El napolitano cree poseer el Paraíso, y tiene de los países del Norte muy triste idea. Sempre neve, case di legno, gran ignoranza, ma danari assai. ¡Así se imaginan nuestro estado! Para edificación de mucha gente alemana, esta descripción característica, traducida, quiere decir: «Nieve siempre, las casas de madera, la ignorancia grande, pero el dinero abundante».

El mismo Nápoles se anuncia bien, libre y animado; innumerables gentes circulan en todas direcciones. El Rey está de caza: la Reina, á la buena de Dios, y así, todo marcha á maravilla.