No sabré decir si salí de Bolonia esta mañana ó si me echaron. En fin, á todo trance agarré la ocasión de partir cuanto antes, y ahora estoy en una miserable posada acompañado de un oficial del Papa, que va á Perugía, su ciudad natal. Al sentarme á su lado, en la silla de dos asientos, queriendo hablar algo, le dije el cumplido que yo, alemán y acostumbrado á andar entre militares, me encontraba muy contento viajando con un oficial del Papa.

No me lo tomó á mal y contestóme: «No extraño que tenga usted inclinación á la milicia, pues he oído decir que en Alemania todos son militares; en cuanto á mí, aunque nuestro servicio es muy fácil, y en Bolonia, donde estoy de guarnición, puedo tener mis comodidades, preferiría quitarme esta chaqueta y dedicarme a administrar el pequeño patrimonio de mi padre. Pero soy el hijo más joven, y tengo que conformarme.»