Los compañeros están acostados y escribo usando la tinta china de dibujar. Tuvimos un par de días sin lluvia, calientes, soleados y alegres, que no desdecirían del verano. Es el país agradabilísimo; el lugar hállase sobre una colina ó mejor sobre una montaña, y cada paso ofrece al dibujante objetos magníficos. La vista, ilimitada; se ve Roma y más allá el mar; á la derecha las montañas de Tívoli y otras. En tan placentera comarca hay casas de campo, precisamente para recreo; y conforme los antiguos romanos tenían aquí sus villas, viene de siglos que los ciudadanos ricos y poderosos funden sus casas de campo en los pedazos más bonitos del terreno. Dos días hace que rodamos en estos lugares y siempre tenemos algo nuevo é interesante que ver.

Y no hay que decir si la noche será más divertida que el día. Apenas la espléndida posadera coloca sobre la gran mesa redonda el amarillo velón de tres brazos, diciendo: Felicíssima notte, todos se reunen alrededor y sacan las hojas que dibujaron ó bosquejaron durante el día. Empieza á hablarse del asunto; si los objetos estarían favorecidos ó si el carácter estaría bien expresado, en fin, todas las condiciones generales de que puede uno darse cuenta en el primer croquis. El consejero Reiffenstein ordena y dirige las sesiones, según su autoridad y á su manera. Mas la loable organización de esto viene de Felipe Hackert, que sabía dibujar y pintar del natural con muchísimo gusto. No dejaba tranquilos á los artistas ni á los aficionados, ni á hombres ni á mujeres, ni á viejos ni á jóvenes. Animábales á probar en la medida de sus facultades y fuerzas, y él daba el ejemplo. Después de la partida de su amigo, el consejero Reiffenstein prosiguió cordialmente aquella manera de reunir una sociedad y entretenerla, y conocimos cuán loable es sacar de cada uno su contingente de acción. Las condiciones naturales de los miembros de la sociedad manifiéstanse de muy donosa manera. Tischbein, por ejemplo, como pintor de Historia, ve el paisaje de manera distinta que los paisajistas; encuentra grupos significativos y otros objetos graciosos, que le dicen muchas cosas, allçi donde otro no halla nada, y saca partido de más de un rasgo sencillo de la naturaleza humana, ya sean niños, paisanos, mendigos y otros hombres sin cultura, ó también animales, que sabe caracterizar y representar en pocos rasgos, de felicísima manera, y así hay siempre tela nueva y motivo de conversación agradable.

Si decae, se procede á la lectura de la Teoría de Sulzers, siguiendo el consejo de Hackert, y aunque desde elevado punto de vista esta obra no pueda satisfacer del todo, nótase su buena influencia en personas de cultura media.