Vie 12 Sep 2008
Escrito en el grado cuarenta y cinco, once minutos.
Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en II - Del Brenner á Verona, Viaje a Italia
Al caer la tarde salí á paseo, y ahora me encuentro realmente en un país nuevo, en un círculo extraño. Los hombres viven una vida indolente y holgazana. En primer lugar, las puertas no tienen cerrojos; sin embargo, el huésped me aseguró que podía estar tranquilo, aunque todo cuanto conmigo traigo fuesen diamantes. En segundo lugar, las ventanas, en vez de cristales, tienen papeles untados de aceite. En tercer lugar, hay tan absoluta carencia de comodidades, que parece cercano el estado primitivo. Preguntado al mozo de la posada por cierto lugar necesario, señalóme el corral, diciendo: «Qui abasso puó servirse» Yo le dije: «Dove?» «Da per tutto, dove vuol!» respondió amistosamente.
En todas partes se nota el mayor descuido, aunque hay vida y bastantes ocupaciones. ¡Todo el día sostienen algo que hacer, algo en qué ocuparse. No he visto mujer ociosa.
El mesonero me dijo, con su énfasis italiano, que ea mucha su satisfacción al poderme servir las más exquisitas truchas. Las cogen en Torbole, donde baja de la montaña el río, cuyo camino busca el pez subiendo. Por arredamiento de esta pesca recibe el Emperador diez mil florines. No hay propiamente truchas pequeñas, sino gordas; algunas de cincuenta libras de peso y salpicadas de puntitos por todo el cuerpo y hasta la cabeza; el gusto entre trucha y salmón, delicado y excelente. Pero mi verdadero regalo son las frutas, higos y peras, que bien pueden ser sustanciosas donde ya maduran los limones.