VI - Roma


Del sentido de los artistas alemanes y de la vida artística de Roma, bien puede decirse: Se oyen sonidos, pero no armonía. Pensando ahora las cosas magnífica que á nuestro alcance tenemos y lo poco que las he utilizado, podría desesperarme; luego reflexiono en mi vuelta, alegre con la esperanza de apreciar, en cuanto valen, aquellas obras maestras, á cuyo alrededor andaba á ciegas.

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Aquello que en un principio, observado superficialmente, causaba infinito placer, nos oprime y nos molesta después, cuando adviértese que sin el conocimiento fundamental, el verdadero goce no existe. En Anatomía estoy bastante bien preparado, y he adquirido, hasta cierto punto y no sin trabajo, el conocimiento del cuerpo humano. Aquí, observando sin cesar estatuas, se continúa aprendiendo, pero de manera más elevada. Nuestra Anatomía médico-quirúrgica trata sencillamente de conocer el órgano, y un miserable músculo sirve á maravilla. Pero en Roma, los órganos no significan nada, si al mismo tiempo no ofrecen forma noble y bella.

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El gran Rey, cuya fama llenó la tierra, cuyos hechos le hicieron digno acreedor hasta del paraíso de los católicos, dijo al fin adiós á este mundo para solazarse con las sombras de sus héroes, sus iguales. ¡De qué buena gana se queda uno tranquilo cuando ha llevado á un ser como éste al lugar del reposo!

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Ayer pasamos un día alegre con la fiesta de San Antonio Abad: hacía el tiempo más hermoso del mundo, helara de noche, y estuvo el día caliente y claro.

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Hízose al fin el Aristodemo, y por cierto, con mucha suerte y muchos aplausos. El Abate Monti pertenece á la parentela de los sobrinos del Papa, y es muy apreciado en los altos círculos: de allí se esperaba todo lo bueno. La hermosa dicción del poeta ganó, desde el principio, al parterre, unida á la excelente manera de recitar los actores, y no se desperdiciaba ocasión de mostrar la complacencia general. El banco de los artistas alemanes no se significaba poco, y esta vez estaban muy en su lugar, pues, en general, se corren un poco.

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Seguiremos otra vez con la hija del dolor, que este adjetivo merece Ifigenia por más de un concepto. Después de habérsela leído á nuestros amigos, marqué ciertos renglones, de los cuales mejoré algunos, á mi entender; los otros, dejélos conforme estaban; tal vez Herder quiera dar en ellos algunas plumadas; yo estoy embotado ya para semejante labor.

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Regreso de ver á Moritz, porque hoy le han quitado el vendaje de su brazo, ya curado. Está y va muy bien. Cuanto he sabido en estos cuarenta días al lado del paciente, como enfermero, confesor confidente, ministro de hacienda y secretario particular, nos vendrá bien en lo sucesivo; los dolores más fatales y los goces más nobles, anduvieron de consuno en tanto tiempo.

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Tengo que hablar ahora de la indecisión que me produce la estancia en Italia. En mi última carta anuncié el propósito de irme de Roma hacia la Pascua y regresar á mi casa. Entonces habré bebido ya algunas copas más en el grande Océano, y mi necesidad apremiante se habrá sosegado. Estoy curado de una tremenda pasión y enfermedad. He quedado útil otra vez para el goce de la vida, para el goce de la Historia, de la Poesía, de la Antigüedad, pero tengo por muchos años materiales que pulir y completar. Mas ahora, lléganme voces amistosas diciéndome que no me apresure, que debo volver con riqueza completa. He recibido una carta, bondadosa y llena de simpatía, del Duque, que me desliga de mis obligaciones un tiempo indeterminado y me tranquiliza respecto de mí alejamiento. Mi mente se vuelve hacia el campo inmenso que tendría que dejar sin haber puesto en él las plantas. Por ejemplo: en el terreno de las monedas y de las piedras grabadas, no he podido hacer en absoluto nada todavía.

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Mucho queda aún qué contar y qué celebrar de Tischbein; cómo se ha formado él mismo con una originalidad alemana. Después tengo que declarar mi agradecimiento, porque en el tiempo de su segunda estancia en Roma, se ocupó muy solícito de mí, procurándome una serie de copias de los mejores autores: algunos en greda negra, otros en sepia y acuarela, que en Alemania, lejos de los originales, ganan en valor, y que, para mí, serán el mejor recuerdo.

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Y sin embargo, hay en esto más afanes y cuidados que goces. El doble nacimiento, que me rehace de dentro fuera, continúa operando. No ignoraba que aquí es donde había de aprender á derechas, mas no pensaba volver tan atrás á la escuela, desaprender tanto, desaprenderlo todo, para volver á aprenderlo de otro modo. Pero ahora estoy convencido y me he entregado, y cuanto más me desmiento, más contento estoy. Véome parecido al arquitecto que intentó construir la torre y le hizo malos cimientos; conociéndolo á tiempo, deshizo lo levantado fuera de la fierra y trató de ensanchar los planos, perfeccionarlos, asegurar mejor os cimientos, y de antemano se regocijó en la segura fortaleza del futuro edificio. Quiera el cielo que á mi regreso también se sientan las consecuencias morales que me procuró la vida en mundo más ancho. Sí; al igual del artístico, el sentido moral sufre gran renovación.

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