II - Del Brenner á Verona


El viento contrario, empujándome ayer al puerto de Malsesina, me preparaba una aventura peligrosa que arrostré animosamente, y que aparece en mi recuerdo de manera bien singular. Según lo prometido, fuí á la mañana siguiente despacio al antiguo castillo que, sin puertas ni guardianes, es accesible á todo el mundo. Sentéme en el patio frente á la vieja torre, levantada sobre rocas. Encontré sitio muy cómodo para dibujar. Una puerta cerrada en la muralla, elevada sobre tres ó cuatro escalones; portadita de piedra muy adornada, parecida á las que se encuentran frecuentemente en vetustos edificios de nuestro país. No había estado mucho tiempo sentado, cuando entraron en el patio algunos hombres, me miraron y se pusieron á andar de un lado a otro. Aumentó la gente y, por fin, se pararon todos, rodeándome. Bien advertí que mi dibujo llamaba la atención; pero no me dí por entendido y continué. Al fin un hombre se dirigió á mí, no con las mejores maneras, y preguntóme qué hacía. Le contesté, que dibujaba la antigua torre, deseando conservar un recuerdo de Malsesina. Él repuso que aquello no se permitía y que lo dejase. Como lo decía en dialecto veneciano, que yo en realidad apenas comprendía, dije que ignoraba lo que quería decir. Entonces, con verdadera tranquilidad italiana, cogió la hoja y la rasgó, aunque dejándola sobre la cartera. Noté por esto cierto disgusto en los circunstantes, y una viejecilla particularmente dijo que no estaba bien: que debían llamar al Podestá, el cual sabía juzgar á derechas cosas como la presente. Yo permanecía en la escalera, la espalda apoyada en la puerta, y observaba al público, siempre creciente. Las mirada fijas y curiosas, la expresión de benevolencia en la mayor parte de las caras y lo que puede caracterizar de manera gráfica á la masa de un pueblo extranjero, me hizo impresión gustosísima. Creia ver delante de mí el coro de pájaros que yo mistificara tantas veces en el teatro de Ettersburgo. Esto me afianzó en mis buenas disposiciones, y cuando llegó el Podestá y su actuario, le saludé con naturalidad, y á su pregunta de por qué dibujaba la fortaleza, contesté resueltamente que no reconocía por fortaleza aquellas paredes. Les llamé la atención á él y al pueblo, acerca de la ruina de aquella torre y de aquellas murallas, de la carencia de puertas; en una palabra, sobre el estado general de debilidad, y dije que no había pensado ver y dibujar sino una ruina.

(more…)

Esta mañana, á las tres, salí de Torbole con dos remos. Al principio era el viento favorable y pudo hacerse uso de la el. La madrugada estaba hermosa aunque cubierta. Pasamos por delante de Limona, cuyos jardines montuosos, formados en terrazas plantadas de limoneros, son muy hermosos y ricos. En todos ellos vense filas de pilastras blancas y cuadradas, que escalonadas unas sobre otras, dibujan la montaña. Sobre las pilastras hay tendidas fuertes traviesas que en invierno soportan las cubiertas de los árboles entre ellas plantados. Como navegábamos lentamente, pude contemplar á mi placer cosas agradables. Pasáramos Malsesina, cuando el viento, siguiendo su acostumbrado cambio diario, soltó completamente al Norte. Los remos podían poquísimo contra fuerza superior, y tuvimos que arribar a Malsesina. Es el primer lugar perteneciente a Venecia, en la parte oriental del lago. Cuando uno tiene que habérselas con el agua, no puede decir: «Hoy estaré aquí o allí.» Aprovecharé esta dilación lo mejor posible, sobre todo dibujando el castillo, cercano del agua en un sitio bellísimo: hoy, al pasar delante, hice de él un bosquejo.

Al caer la tarde salí á paseo, y ahora me encuentro realmente en un país nuevo, en un círculo extraño. Los hombres viven una vida indolente y holgazana. En primer lugar, las puertas no tienen cerrojos; sin embargo, el huésped me aseguró que podía estar tranquilo, aunque todo cuanto conmigo traigo fuesen diamantes. En segundo lugar, las ventanas, en vez de cristales, tienen papeles untados de aceite. En tercer lugar, hay tan absoluta carencia de comodidades, que parece cercano el estado primitivo. Preguntado al mozo de la posada por cierto lugar necesario, señalóme el corral, diciendo: «Qui abasso puó servirse» Yo le dije: «Dove?» «Da per tutto, dove vuol!» respondió amistosamente.

(more…)

¡Cuánto desearía á los amigos á mi lado para que pudieran deleitarse en la vista que tengo delante!

(more…)

Estoy en Roveredo, donde las lenguas se separan. Hasta aquí venían con tendencia del alemán al italiano. Ahora, por primera vez he tenido un postillón italiano puro. El huésped no habla alemán, y tengo que probar mi habilidad en la lengua. ¡Qué contento estoy de que esta lengua querida y viviente sea la usual!

Después de ocupaciones continuas, durante cincuenta horas completas, llegué ayer á las ocho de la noche. Lo primero que hice fué descansar, y ya me encuentro dispuesto á continuar mi relato. La noche del nueve, después de terminada la primera parte de mi diario, quise dibujar del natural el mesón del Correo, en el Brenner; pero no me salió bien: erré el carácter de la cosa y retiréme medio disgustado. El maestro de postas me preguntó si no querría seguir el viaje. Hacía luna y el camino era excelente. Sabía que necesitaba sus caballos para el acarreo de la última hierba seca, y de buena gana los vería de vuelta á tiempo. Acepté el consejo, aunque era interesado, en gracia de avenirse bien con mis inclinaciones interiores. El sol volvió á brillar, el aire era soportable, hice mis paquetes, y á las siete continué el viaje. Las nubes se disiparon en la atmósfera y la noche estuvo muy buena.

(more…)

Recorrí la población, que es viejísima, y tiene, en algunas calles, casas muy bien construídas. En la iglesia hay un cuadro que representa á todo el Concilio oyendo un sermón del general de los Jesuítas. Quisiera saber si los convenció. La iglesia de estos Padres se distingue por las columnas de mármol rojo de su fachada. Una pesada cortina cierra la puerta para que no entre el polvo. Levantéla y entré en el pórtico, que es pequeño. La iglesia, propiamente dicha, hállase cerrada, con verja de hierro, dispuesta de manera que puede verse el interior. Todo lo vi silencioso y como muerto; pues en ella no hay culto: la puerta exterior estaba abierta al igual que todas las iglesias en la hora de vísperas.

(more…)