Escrito por Johann Wolfgang von Goethe en VII - Nápoles, Viaje a Italia
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Aprovechamos el segundo domingo de Cuaresma yendo de iglesia en iglesia. Conforme en Roma todo es serio, aquí en todo hay cierta alegría. Tampoco puede comprenderse la escuela de pintura napolitana, sino en Nápoles. Vese con extrañeza toda la fachada de una iglesia pintada de arriba abajo. Sobre la puerta, Cristo arrojando del templo á los vendedores y compradores, que á los lados, vestidos de colorines y adornados, bajan á empujones, llenos de espanto, las escaleras. En el interior de otra iglesia, todo el espacio sobre la puerta está ricamente adornado de una pintura al fresco, representando la expulsión de Heliodoro. Lucas Gioirdano mucho debía despacharse para llenar tales paredes. Los púlpitos no son, como en otras partes, una cátedra, una silla de enseñanza para una persona, sino una galería en la cual he visto á un capuchino haciendo presente al pueblo, tan pronto en un extremo, tan pronto en el obro, su vida pecadora. ¡Cuánto no habría que decir sobre esto!
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